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[Cobertura especial de La Logia de Mamincho Y Sus Seguidores.]
Desde la misma fila para comprar la entrada se respiraba la ansiedad....
Era como un día de fiesta y más allá que un simple partido de fútbol.... Era una despedida, y de lujo, pues las coincidencias del destino hicieron que fuera la más intelectual afición del país la protagonista de este evento: el último partido en el Estadio Nacional.Mucho más de lo que se pudiera esperar, así fue la generosa cantidad de público que abarrotó la histórica gradería norte de la tacita de plata. Y no pocos los que aprovecharon para acompañar la noble casaca albiceleste con el estuche de sus cámaras fotográficas.
Cuantos goles, cuantos patís, cuantos árbitros ijueputas, cuantas bolsas de miados habrán dejado -literalmente-, impregnada su huella por siempre, en sus añejos muros.... cuantos gallos de carne en la entrada de sol se quedarán sin vender... ya no importa, porque al Nacional le llegó el momento de ceder a la “modernización”.
Ahora aquellas espumeantes cataratas doradas, imponiéndose majestuosas desde lo más alto de la gradería de Sol hasta caer al pavimento, rozando las ventas de chuzos de carne en las afueras del estadio, con La Sabana por testigo, cual si fuese una emulación a las cataratas del Angel o del Iguazú en el medio de la selva amazónica, ( ojala en el medio tiempo de un Clásico Sa-Sa “Saprissa-Sagrada” ) serán solo recuerdos borrosos en las mentes de algunos pocos.
Del partido de fútbol mucho se hablará al día siguiente, pero en tres días será simplemente otra estadística, de esas que solo al que las contabiliza, le interesan. Por el momento nos queda la paz moral de no haberle fallado a la cita a este viejo amigo, y la promesa de los políticos de turno de que “la modernidad” nos traerá pronto un nuevo escenario tan digno como para merecer enclavar sus bases sobre esta tierra gloriosa.
Por el momento les dejo unas estampas para la posteridad, un aplauso desde las gradería de sol y un última exhalación de apoyo, de esas que merecerían una placa y no simplemente el arrullo del mismo viento, encargado de diluirlos en el aire:
“¿que? ¡Pero si eso fue penal!.... Oh árbitro más ijueputa!!!
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amj.
Estoy mejor cada día. |